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En un pueblo cerca de Temuco, vive don Jacinto. Tiene una hermosa
casa de piedra de dos pisos y un perro muy valiente, Boby, que cuida
las ovejas.
Por
la mañana, don Jacinto se levanta muy temprano y junto con
Boby, lleva las ovejas a pastar en el prado.
Don
Jacinto va delante, guiando al rebaño y su perro va detrás,
para cuidar que las ovejas no se dispersen. Si alguna se aleja,
Boby ladra, corre y la conduce nuevamente hasta donde están
las demás.
Cuando
llegan al prado, don Jacinto y su perro vigilan al rebaño
mientras pasta.
Al
atardecer, el pastor lleva las ovejas de vuelta al corral.
Antes de irse a dormir, don Jacinto siempre premia a su perro con
un gran hueso por haber hecho bien su labor.
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