Fernando tenía un loro que
le había regalado su tía Natalia. Todos los días,
el loro despertaba con su aletear y un pequeño grito. ¡
A comer !
Entonces, Fernando se levantaba
muy alegre, abría la jaula y le ponía la comida.
Pero, un día Fernando se
olvidó de cerrar la puerta de la jaula y el loro se escapó.
Por la tarde, cuando Fernando llegó
del colegio, descubrió que su loro ya no estaba en su jaula.
Desde ese día, se quedó muy triste porque ya no tendría
quien le despertara por las mañanas.
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