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En
el mundo de hoy con tantas opciones, tentaciones
y creencias, lo único claro es que reina
la confusión.
Esto es evidente en lo que se refiere a la crianza
de los hijos, pues son tantas las nuevas teorías
al respecto, que quienes están formando
a las generaciones del mañana ya no saben
qué creer ni qué hacer.
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ser
madres que tener hijos e hijas.
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estar
con los hijos que vivir encima de ellos.
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disciplinarlos
para que obedezcan por convicción,
que abusarlos para que lo hagan por temor.
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ser
padres con autoridad en la que se pueda confiar,
que ser sus “mejores amigas y amigos”,
renunciando a ejercer nuestra autoridad.
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formar
a los hijos como personas de fe, lo que no
significa necesariamente tener una religión
sino cultivar y confiar en la fuerza del espíritu.
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apoyar
a las hijas y a los hijos para que puedan vencer
sus problemas, que asumirlos nosotras mismas por
miedo a que salgan vencidos.
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educar
a los hijos para triunfar en la vida, que prepararlos
tan sólo para ganarse la vida.
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estimular a los hijos a dar lo mejor de sí,
que presionarlos para que sean mejores que los demás.
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estar
comprometidas con la formación de los y las
hijas, que comprometer nuestros principios para
evitar contrariarlos.
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querer
lo mejor para los hijos, que darles todo para que
la pasen mejor.
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preparar
a los hijos para el camino, que preparar el camino
para los hijos.
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